He de confesar que nunca he sido un apasionado del cante de Enrique Morente, sus matices personales y su forma de abordar los diferentes estilos del acervo flamenco nunca terminaron de convencerme. Sin embargo me declaro un incondicional admirador de Enrique como artista genial, como maestro de lo jondo y como aficionao cabal. Sus incursiones en otros géneros musicales me parecen sublimes. Su conocimiento sobre el cante estaba al alcance de muy pocos, y sobre todo, su amor por el flamenco siempre ha estado fuera de toda duda. Hay muchos cantaores históricos a los que admiro mucho más que a Enrique, sin embargo es al granaíno al que más me hubiera gustado conocer personalmente. Quizás su condición humana supere todos sus valores artísticos, algo que ya es complicado. Las palabras con las que hablan los que lo conocieron lo resumen como un ser excepcional. Ya saben que "agua piedra siempre lleva cuando va sonando el río".
| Retrato del maestro en el fondo del escenario |