El pasado viernes no faltaron la magia, el duende y la casta
en el auditorio de La Paloma de Benalmádena con el espectáculo Raíces. Este
evento estaba enmarcado en la programación de la III Bienal de Arte Flamenco de
Málaga. El título venía a describir con una sola palabra el tipo de artistas
que componían el recital. Artistas con un entroncamiento flamenco que se pierde
en el oscurantismo del tiempo. Diferentes dinastías que fluyen por el cauce de
lo jondo. A pesar del buen cartel, el aforo sólo cubrió un tercio de la
capacidad del auditorio, eso sí, con un publico que transmitió su calor en todo
momento.
La noche la abrió Jerez, con uno de los mejores guitarristas
flamencos de acompañamiento que ha dado este arte, Paco Cepero, pero lo hizo
como concertista, acompañado por el tocaor Paco León, la violinista Sophia
Quarengui y la percusión del Chicharito. Su toque flamenquísimo y pulcro
encierra una personalidad sin igual, esa misma que le ha llevado a componer
memorables melodías y letras. Paco puso a relucir toda su técnica y su música
en cada estilo: tanguillos en los que los melómanos del cante jondo podían oír
la voz de Rancapino salir de su guitarra; rumbas frescas y bulerías a compás que
dieron paso a unas enjundiosas seguiriyas, donde demostró que sigue teniendo un
bordón eléctrico, capaz de quebrarte con una sola nota. Cerró su intervención
con su famosa rumba Aguamarina.
Paco Cepero por tanguillos: