lunes, 4 de febrero de 2013

Delia, Andrés...y la inspiración


El cartel de la berza que organizaba la Peña Juan Breva en el mes de Febrero, hacía presagiar que íbamos a pasar una tarde muy flamenca. Pero las expectativas se quedaron cortas, ya que los que presenciamos el espectáculo que nos brindaron Delia Membrive, Andrés Lozano y Antonio Soto salimos del mismo sabiendo que habíamos vivido una de esas tardes mágicas, en la que los duendes revolotean por el escenario.

Comenzó Delia, una joven malagueña, que en mi opinión si hubiera nacido en Cádiz, Sevilla o Huelva (por poner algunos ejemplos) estaríamos hablando de una cantaora bastante más conocida y más valorada de lo que está.

Acompañada por la magistral guitarra de Antonio Soto arrancó por Soleá, cante que no pude ver ni oir, ya que llegue un pelín tarde. Una pena, porque es de los palos donde mejor se desenvuelve esta cantaora.


Delia Membrive y Antonio Soto


Siguió por Tientos y Tangos, cantes que hizo dulces y dolientes, con ecos de Pastora, Camarón y como no, la Repompa.

Quiso aventurarse en un terreno desconocido para mí, y es que no la había escuchado cantar palos ad libitum , exceptuando los Fandangos naturales. Acordándose de Chacón, hizo una Granaína (aunque en la interpretación se reflejan las formas de José), que si bien no sea el cante que mejor se ajusta a su voz, supo pelear cada tercio para darle un regusto muy flamenco. Continuó con una Malagueña de Chacón (en tono de Granaína) que se las pelaba también por su dificultad, pero la sacó adelante para rematarlas con unas flamenquísimas Jaberas que a más de uno nos puso la piel de gallina.


Delia


Pa Cai quiso llevarnos Delia con su cante por Alegrías, en el que estuvo arropada por el compás del Yaya. Para ser sincero, este cante lo disfruto más cuando lo interpreta un gaditano, pero Delia supo echarle esa pizca de sal que requieren estos aires. Lo que no me terminó de gustar fue que hicieran las Alegrías para bailar.

Quiso cerrar su actuación Delia por Bulerías, cante con el que nos mostró el grandísimo compás que lleva dentro esta cantaora, además de sonar muy flamenca. Los aficionaos estaban disfrutando de lo lindo con el buen hacer de Delia, que evocó sones de la Remedios, Bernarda o Camarón; este último muy presente en todo su cante. Jugando con el compás a su antojo metió unos Fandangos a ritmo de Bulerías de escándalo, y aquí, como no, se acordó del más grande por este palo: Antonio Alvarez Rosales.

Una gran despedida la que nos ofreció esta joven cantaora. Desde aquí invito a todos los aficionaos a que la escuchen, y los que se dedican a organizar eventos que la contraten, su cante no tiene desperdicio. Aquí les dejo un cante (Bulerías por Soleá) recogido en otra actuación suya:

    


El encargado de ponerle el broche de oro a la tarde del sábado fue Andrés Lozano. El manilveño es de esos cantaores imprevisibles, pero cuando está inspirado y a gusto, es capaz de transmitir lo más profundo del cante.

Con esa voz desgastá a la par que dulce, le sobra para ejecutar cualquier cante, dotándolos de una expresividad al alcance de muy pocos cantaores.


Andrés Lozano

Acompañado también por la sonanta de Antonio Soto, salió por Tarantos y Taranta, y ya desde el primer momento sabíamos que estábamos ante una gran tarde. Se acordó de Tío Antonio el Chocolate y José Cepero, pero siempre con su rajo personalísimo.

Homenajeando a su tierra continuó por Malagueñas, cante en el que hiere en cada tercio, en una lucha constante con éste, y del que Andrés supo salir vencedor. Nos interpretó la versión que de Enrique el Mellizo hiciera Manolo Caracol con el piano de Arturo Pavón. Siguió con otra del maestro Don Antonio Chacón, y las remató con un Cante de Juan Breva.

Con un claro sabor gaditano nos deleitó con unos geniales Tientos, a los que aportó mucha personalidad. No los cantó, los dijo como si de poesía se tratase, y todo esto sumado a la gran expresión corporal que le impidió siquiera mantenerse sentado. Los cerró con un par de coplas por Tangos demostrando no estar nada corto de compás.  


Sin duda, estábamos viviendo un momento mágico. Se empezaban a ver a los duendecillos hacer acto de presencia en el escenario. Tanto artistas como aficionaos estaban agusto, se respiraba un ambiente de receptividad por parte del público, que empujó a Andrés a tirarse al abismo del cante y “apuñalarnos” con su Seguiriya. Su cante corto se ajusta perfectamente a las formas santiagueras, y adaptando la letra de la Alboreá (En un verde prado tendí mi pañuelo) al cante de Paco la Luz nos dio la estocada definitiva. Inspiración. A este cante le siguieron uno atribuido a Curro Durse y un remate atribuido a Silverio.

La inspiración de los genios. Seguiriya


Seguiriyas de Andrés y Antonio:


Cambió de aires Andrés, y haciendo más distendida la grandísima actuación con la que nos estaba obsequiando, no cantó un Mirabrás con un gusto exquisito que remachó con su pregón característico.

Por si no habiamos tenido suficiente con su desgarradora Seguiriya, quiso hacernos daño de nuevo, y con una flamenquísima guitarra acompañando su hiriente cante, nos hizo unos Fandangos con el que alguno soltó más de una lágrima. Salió por Caracol, y cerro por Manuel Torre con un emotivo abrazo con Tío Tiriri, que jaleó su cante.

Con todo el público encandilado, cerró su actuación con una buena ración de Bulerías, que dejó a los aficionaos más que satisfechos. Tanto fue así, que los artistas que asistieron a su cante, quisieron regalarle un fin de fiesta a la altura de como había discurrido la tarde. El cante del Chato, el baile del gran Pepito Vargas, y el compás de Yaya, Kiko y el propio Andrés para ponerle la guindilla a un pastel más que flamenco.




Fin de fiesta con El Chato y  Pepito Vargas


Desde aquí, mando mi agradecimiento a la Peña Juan Breva por la organización de este espéctaculo.





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